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El papa, el «centro» y el marxismo

Marx llama a los seres humanos a rebelarse contra la docilidad sumisa que la Iglesia inculca como virtud, para colocar al ser humano, a su capacidad transformadora, en el centro. La necesaria «intrepidez revolucionaria» (Marx) reclama que los seres humanos -en particular, los hoy humillados, oprimidos, explotados- tengan la soberbia de indagar, cuestionar, criticar, cambiar de raíz lo establecido, para acabar con las cadenas radicales sobre las que se levanta la civilización burguesa.