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Principio de radicalidad

Marx dijo en 1843 que ser radical es ir a la raíz de las cosas y que para el hombre la raíz es el hombre mismo. Desde entonces este principio ha sido objeto de fanático rechazo, de controversia enconada y de axioma incuestionable, todo a la vez. No podía ser de otro modo porque pone el dedo en la llaga de la praxis humana: si de lo que se trata es de profundizar en los problemas de la realidad hasta descubrir sus contradicciones internas, entonces ocurre que aceptarlo y practicarlo puede implicar consecuencias arriesgadas. Para quienes detentan alguna forma de poder, este principio de bucear hasta su raíz, descubrirla y divulgarla, es obviamente un peligro mortal que debe prohibirse abierta o solapadamente.