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Samir Amin

Samir Amin nació en El Cairo. De 1947 a 1957 estudió en París, obteniendo un diploma en Ciencias Políticas (1952) antes de graduarse en estadística (1956) y economía (1957).

Al llegar a París, Amin se unió al Partido Comunista Francés (PCF), pero luego se distanció del marxismo soviético, y se sumó por algún tiempo con los círculos de los maoístas. Con otros estudiantes publicó una revista titulada; Étudiants Anticolonialistes.

Amin regresó a El Cairo, donde trabajó desde 1957 hasta 1960 como oficial de investigación para El Instituto para la Gestión Económica. Posteriormente, Amin deja El Cairo, para convertirse en un asesor del Ministerio de Planificación en Bamako (Malí) desde 1960 hasta 1963. En 1963 se le ofreció una beca en el Instituto Africano de Desarrollo Económico y de Planificación (Institut Africain de Développement Économique et de Planification - IDEP). Hasta 1970 trabajó allí, además de ser un profesor de la Universidad de Poitiers, Dakar y París ( París VIII, Vincennes). En 1970 fue nombrado director del IDEP, que dirigió hasta 1980. En 1980, Amin abandonó el IDEP y se convirtió en director del Foro del Tercer Mundo en Dakar.

Amin ha dedicado gran parte de su obra al estudio de las relaciones entre los países desarrollados y los subdesarrollados, las funciones de los Estados en estos países y principalmente a los orígenes de esas diferencias que se encontrarían en las bases mismas del capitalismo y la mundialización. Para Amin, la mundialización es un fenómeno tan antiguo como la humanidad, sin embargo, en las antiguas sociedades ésta ofrecía realmente oportunidades para las regiones menos avanzadas de alcanzar a las demás. Por el contrario la mundialización moderna, asociada al capitalismo, es polarizante por naturaleza, es decir que la lógica de expansión mundial del capitalismo produce en sí misma una desigualdad creciente entre los socios del sistema.

Uno de los conceptos centrales de los estudios de Amin es la «tesis de la desconexión», elabora una serie de propuestas acerca de la necesidad de que los países subdesarrollados se «desconecten» del sistema capitalista mundial. Esta necesidad de desconectarse no está planteada, según Amin, en términos de autarquía, sino cómo necesidad de abandonar los valores que parecen estar dados naturalmente por el capitalismo, para lograr poner de pie un internacionalismo de los pueblos que luche contra éste. La necesidad de desconexión es el lógico resultado político del carácter desigual del desarrollo del capitalismo, pero también la desconexión es una condición necesaria para cualquier avance socialista, tanto en el Norte como en el Sur.

Samir Amin es un crítico de la globalización, ve en ella una coartada detrás de la cual se esconde una ofensiva del capital, que quiere aprovecharse de las nuevas relaciones de fuerza que le son más favorables para aniquilar las conquistas históricas de las clases obreras. Estas relaciones de fuerza favorables están así planteadas desde la caída del bloque Soviético. Para Amin la etapa que va desde el fin de la segunda guerra mundial (1945) hasta el desmoronamiento de la URSS y sus satélites (1989-1991) significó una etapa de ascenso de movimientos de liberación en los países del tercer mundo y de progreso en sus economías ya que se vieron beneficiados por la competencia Este-Oeste. A partir del derrumbe de la URSS el triunfo del capital es total y este encuentra condiciones más favorables para dar marcha atrás en los logros de los pueblos. Samin Amin discute la idea de la mundialización como logro de la humanidad, como máxima meta del progreso humano.