La bomba atómica no intimida al pueblo chino

Mao Tsetung

Publicado por Matxingune taldea en 2011

Resumen

Puntos principales de la conversación que el camarada Mao Tsetung sostuvo con Carl-Johan (Cay) Sundström, el primer embajador de Finlandia que fue acreditado en China, cuando presentó sus cartas credenciales.


Puntos principales de la conversación que el camarada Mao Tsetung sostuvo con Carl-Johan (Cay) Sundström, el primer embajador de Finlandia que fue acreditado en China, en el momento de presentar sus cartas credenciales.

China y Finlandia son países amigos. Nuestras relaciones se basan en los cinco principios de coexistencia pacífica.

China nunca tuvo choques con Finlandia. De entre los países europeos, China tuvo guerras en el pasado sólo con Inglaterra, Francia, Alemania, la Rusia zarista, Italia, el Imperio Austro-Húngaro y Holanda, siendo, en todos los casos, estos países los que vinieron desde muy lejos a invadirla. Ejemplos de ello fueron las invasiones a China perpetradas por las fuerzas aliadas anglo-francesas y por las fuerzas aliadas de las Ocho potencias, entre ellas los Estados Unidos y el Japón. En la guerra de agresión contra Corea participaron dieciséis países, incluidos Turquía y Luxemburgo. Todos estos países agresores se autodenominaban amantes de la paz, mientras tildaban de agresores a Corea y China.

Hoy, el peligro de una guerra mundial y la amenaza a China provienen principalmente de los belicistas norteamericanos. Ellos mantienen bajo su ocupación la provincia china de Taiwán y el estrecho de Taiwán e intentan desatar una guerra atómica. Nosotros nos guiamos por estos dos principios: Primero, no queremos la guerra y, segundo, si alguien nos invade, le daremos un resuelto contragolpe. Es en este espíritu en el que educamos a los militantes del Partido Comunista y a todo nuestro pueblo. El chantaje atómico de los Estados Unidos de América no intimida al pueblo chino. Nuestro país tiene seiscientos millones de habitantes y 9.600.000 kilómetros cuadrados de superficie. Ese montoncillo de bombas atómicas que poseen los Estados Unidos de América no es suficiente para acabar con los chinos. Aun en el caso de que los Estados Unidos de América, contando con bombas atómicas de un poderío mucho mayor que el actual, las arrojaran sobre China hasta horadar el globo terrestre y volarlo, eso, aunque podría ser un acontecimiento de gran magnitud para el sistema solar, no significaría mucho para el universo en su conjunto.

Nosotros solemos decir que lo que tenemos es mijo más fusiles. Los Estados Unidos de América, en cambio, poseen aviones más bombas atómicas. Pero, si los Estados Unidos de América, con sus aviones y bombas atómicas, desencadenan una guerra de agresión contra China, ésta, con su mijo y sus fusiles, saldrá triunfante. Los pueblos del mundo entero nos apoyarán. Como resultado de la Primera Guerra Mundial, en Rusia se liquidó al zar, así como a los terratenientes y a los capitalistas. La Segunda Guerra Mundial condujo al derrocamiento de Chiang Kai-shek y de los terratenientes en China y a la emancipación de los países de Europa oriental y algunos otros países asiáticos. Si los Estados Unidos de América desatan una tercera conflagración mundial -admitamos que dure ocho o diez años-, el resultado será la liquidación de las clases dominantes de los Estados Unidos de América y de Inglaterra y demás países cómplices y la transformación de la mayor parte del mundo en países dirigidos por partidos comunistas. Las guerras mundiales nunca terminan en favor de los belicistas, sino de los partidos comunistas y los pueblos revolucionarios del mundo. Si los belicistas desencadenan la guerra, no deben culparnos de la revolución en que nos alzaremos, o sea, culparnos de "actividades subversivas", término tan manoseado por ellos. Mientras no desaten la guerra, podrán prolongar un poco su existencia en este planeta. Cuanto más temprano la desaten, más pronto serán barridos de la faz de la Tierra. Llegado ese momento, se fundará una ONU de los pueblos, con sede posiblemente en Shanghai o en algún lugar de Europa o en la misma Nueva York, si para entonces los belicistas norteamericanos han sido liquidados totalmente.

Mao Tsetung

18 de enero de 1955