Elecciones griegas y el fracaso de una táctica

Rolando Astarita

Publicado por Matxingune taldea en 2015


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El repetido fracaso de una táctica política repetida

Ayer, 20 de septiembre, Syriza se impuso en las elecciones griegas con el 35% de los votos. Recordemos que el primer ministro, Alexis Tsipras, había llamado a elecciones anticipadas, luego de haber aceptado el programa de ajuste y privatización que le fue impuesto en Bruselas. Un programa muy alejado de las promesas de acabar con la austeridad con que había triunfado en las elecciones de enero[1]. En la reciente campaña electoral, sus ejes fueron la crítica al «viejo y corrupto sistema político» y la afirmación de que «Grecia es sinónimo de lucha y dignidad». Una frase hipócrita con la que procura tapar una realidad indisimulable: prácticamente todas las decisiones económicas fundamentales «han sido hechas por los ministros europeos de Finanzas y por los responsables de los bancos centrales, y cualquier desviación amenaza con detener los pagos de ayuda [se refiere a la refinanciación de la deuda]» (Bloomberg).

Tal vez esto ayude a explicar por qué, a diferencia de lo ocurrido hace nueve meses, el triunfo de la formación izquierdista no despertó el entusiasmo en las masas. Apenas un puñado de simpatizantes anduvo de festejo por las calles de Atenas. De hecho, solo el 56% de los electores concurrieron a votar, el porcentaje más bajo desde los años 1990; aunque Syriza logró apenas un uno por ciento menos que en enero.

En seguida de conocidos los resultados, Tsipras anunció que continuará la alianza gubernamental con el partido de derecha nacionalista Griegos Independientes (que logró el 3,7% de los votos). Naturalmente, los mercados y el establishment económico recibieron el triunfo con tranquilidad. El premier fue felicitado, entre otros, por Martin Schultz, el presidente del Parlamento Europeo, y por Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo. Diego Ferro, director de Greylock Capital Management, un fondo que es fuerte inversor en deuda griega manifestó a Bloomberg que «ahora se ha quitado la incertidumbre porque Tsipras tiene el mandato político para implementar las medidas de austeridad y Grecia debería empezar a moverse hacia adelante». De hecho, los bonos griegos subieron muy fuerte desde el 15 de julio, cuando Tsipras aceptó el severísimo plan de ajuste.

Destaquemos también que el segundo puesto fue para Nueva Democracia, partido conservador de derecha, que obtuvo el 28% de los votos. En tercer lugar quedaron los nazis de Amanecer Dorado, con el 7%, y cuartos los socialdemócratas con el 6,4%. Unidad Popular, el partido que se formó a partir de la escisión de la Plataforma de Izquierda de Syriza, no logró siquiera el 3% de los votos. UP rechaza el programa de Bruselas y plantea una salida del euro (lo que implicaría una devaluación) y un programa reformista burgués. Está liderado por el ex ministro de Energía Panagiotis Lafazanis, y tiene como referente a Costas Lapavitsas, un economista heterodoxo que hace centro en la crítica al sistema financiero internacional. UP tuvo el apoyo de Podemos, de España, de Die Linke, de Alemania, y del PC francés.

El repetido fracaso de una táctica política repetida

En la parte final de una de las notas citadas más arriba, planteé que «la izquierda debería tomarse en serio una recomendación de Marx: aprender a luchar sin ilusiones. Entendiendo por “ilusión” una esperanza sin fundamento real de lograr lo que se anhela. Para esto, lo primero es presentar las cosas de forma realista. Es que no hay nada más desmoralizador que llevar a las masas a callejones sin salida. Y no hay nada más estúpido que convertirse en comparsa por izquierda de la desmoralización organizada. Es el primer paso, además, para avanzar hacia la independencia de clase».

Las elecciones que acaban de realizarse en Grecia son el resultado más puro de esa «desmoralización organizada» a la que hacía referencia en esa nota. Pero también desnudan el fracaso de las tácticas de «apoyos críticos», que instrumentan una y otra vez partidos de izquierda.

Tengamos presente que la idea que subyace en esta orientación es la de «acompañar desde la izquierda el proceso abierto», en la creencia de que cuando la dirección reformista-burguesa «traicione», la izquierda será reconocida como «la verdadera defensora del programa originario». Las tácticas de entrismo, que ya he criticado en otras notas[2], se basan en este supuesto. Pero para aplicarlas se maquillan caracterizaciones de clase y se disimulan las incoherencias y utopías de los programas reformistas. La orientación consistente en «exijamos que cumplan con su programa», en la esperanza de que las masas «sacarán las conclusiones revolucionarias pertinentes», tiene este enfoque como telón de fondo. Otra variante de la misma política es llamar a «profundizar y radicalizar el programa reformista en un sentido anticapitalista», a fin de que «los trabajadores movilizados superen a los dirigentes pequeñoburgueses conciliadores».

Pero en la realidad nada de esto funciona como se piensa en la izquierda que va a funcionar. Es que de alguna manera la gente intuye que en el modo de producción capitalista existen restricciones que no se pueden superar con discursos o elecciones. De ahí que en un punto termine dándole la espalda a los «espejitos de colores» que tratan de vender los reformistas pequeñoburgueses al estilo Unidad Popular.

Por eso también, cuando no se tiene una alternativa social de fondo, se cae en el desánimo y la desmoralización, aun cuando haya habido movilizaciones y luchas, como fue el caso en Grecia. Es que los combates reivindicativos y contra los ajustes, en medio de la crisis económica y sin un horizonte político superior al existente, terminan en un callejón sin salida. En otros términos: no existe la superación espontánea del capitalismo por la sola movilización. Tampoco se superan espontáneamente, y en una dirección anticapitalista, las variantes de socialismos burgueses y pequeñoburgueses, con su capacidad camaleónica para sobrevivir y engatusar. De ahí que el resultado final de los «apoyos críticos» sea, paradójicamente, el mantenimiento de los mecanismos de dominación burguesa.

Termino con una idea del autor de El Capital que puede ayudar a la reflexión. Refiriéndose al rol de la crítica, Marx decía que «la teoría se convierte en poder material cuando prende en las masas. Pero la teoría puede prender en las masas a condición de que argumente y demuestre ad hominem, para lo cual tiene que hacerse una crítica radical» («En torno a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel»). En cualquier caso, la breve e intensa experiencia de Syriza es merecedora de un balance serio y argumentando.

Rolando Astarita
21 de septiembre de 2015
Fuente: https://rolandoastarita.wordpress.com/



[1]  Véanse: http://www.matxingunea.org/dokumentua/grecia-al-borde-del-default/
        http://www.matxingunea.org/dokumentua/grecia-sin-ilusiones-en-victorias-de-papel/
        http://www.matxingunea.org/dokumentua/leccion-practica-de-capitalismo-nacionalismo-e-int/  
        http://www.matxingunea.org/dokumentua/deuda-griega-fmi-y-desvalorizacion-de-capital/

[2] Véanse:  https://rolandoastarita.wordpress.com/2014/11/22/la-tactica-trotskista-del-entrismo-1/
          https://rolandoastarita.wordpress.com/2014/11/29/la-tactica-trotskista-del-entrismo-2/ 
          https://rolandoastarita.wordpress.com/2014/12/06/la-tactica-trotskista-del-entrismo-3/
          https://rolandoastarita.wordpress.com/2014/12/13/la-tactica-trotskista-del-entrismo-4/