Socialismo y religión

James Connnolly

Publicado por Matxingune taldea en 2015


Puede que no haya otro aspecto sobre las doctrinas del socialismo tan mal entendido y tergiversado como la de su relación con la religión. Cuando arrinconar cualquier posible debate sobre este tema, cuando lo económico, político o moral se relían en el debate, el tema de la religión dibuja ineludiblemente y afianza definitivamente al socialismo como enemigo –especialmente en Irlanda.

«Pero está contra la religión» constituye las últimas palabras, la gran aportación de los seguidores del capitalismo, de cada línea de su defensa ante la que se niegan a ceder. «El socialismo es ateísmo, y todos los socialistas son ateos» o «tu socialismo solo es una forma bonita de cubrir tu ateísmo para atacar a la Iglesia», todas estas son expresiones que se oyen tan frecuentemente en cada discusión sobre los méritos y deméritos de la doctrina socialista que no hay necesidad de disculpar por presentarlas aquí para poder señalar su falta de lógica. Tan lejos está de ser cierto como que socialismo y ateísmo son sinónimos que resulta curioso y enriquecedor el hecho que casi todos los propagandistas más prominentes de los librepensadores de nuestra generación han sido, y son, los enemigos más enérgicos contra el socialismo. El último Charles Bradlaugh, en sus tiempos como el librepensador más agresivo en Inglaterra, mostró hasta el final su decisión e intransigencia en su odio hacia el socialismo; G.W. Foote, el actual editor del Freethinker, órgano nacional del secularismo inglés, es un enemigo confeso del socialismo, y el Coronel Bob Ingersoll, apóstol jefe de la doctrina de los librepensadores en Estados Unidos, fue un conocido apologista del capitalismo.

Del continente europeo se podrían recoger otros casos parecidos, pero los citados serán suficiente siendo como son más cercanos a casos conocidos por nuestros lectores. Resulta divertido y clarificador cómo, de entre las filas multicolor de los defensores del capitalismo, los propagandistas profesionales de los librepensadores son compañeros de armas de Su Santidad el Papa; las últimas encíclicas -mal razonadas e inconclusas- contra el socialismo incluyen a la jerarquía de la Iglesia católica en el campamento de los seguidores en los ejércitos que marchan bajo las banderas levantadas por los referentes agnósticos de la filosofía individualista. Evidentemente, incluso la inteligencia más humilde puede ver que no hay necesidad de distinguir entre el pensamiento del librepensador como tal y del socialista como socialista. Entonces, ¿de dónde surge la equivocación en el pueblo? En primer lugar, del intento interesado de las clases propietarias de crear ese prejuicio contra el socialismo como posible elemento disuasorio para que la clase obrera no le preste atención a sus doctrinas, un intento demasiadas veces victorioso; y, en segundo lugar, por una equivocación de la actitud del partido socialista hacia el dogma teológico en general. El Partido Socialista de Irlanda prohíbe en sus reuniones, públicas o privadas, el debate sobre cuestiones teológicas o antiteológicas. Esto es así en conformidad con la práctica de los principales partidos socialistas del planeta que han declarado frecuentemente, como en el caso de Alemania, que la religión es un asunto privado y fuera del ámbito de actuación de la práctica socialista. El socialismo moderno, de hecho, como existe en las mentes de sus primeros referentes y como se lleva a cabo y se trabaja por un número creciente de entusiastas adheridos a lo largo del mundo civilizado, tiene una base esencialmente material. Esto no significa que sus seguidores sean necesariamente materialistas en el sentido vulgar y meramente antiteológico sino que no basan su socialismo en la interpretación del lenguaje o significado de las Escrituras ni en las intenciones reales o inventadas de una deidad benefactora. Como partido, ni niegan ni afirman esas cosas sino que lo dejan a la conciencia individual de cada miembro para examinar qué creencias deben tener en relación a esos temas. Como partido político, prefieren –sabiamente– tomar parte en el fenómeno actual de la vida social debido a que pueden observarla en el día a día o pueden rastrearla en los registros de la historia. Si alguna interpretación de las Escrituras tiende a influir al pensamiento humano en dirección al socialismo, o se encuentra en consonancia con postulados de la doctrina socialista, entonces el socialista científico considera que dicha interpretación es más fuerte por su identidad con las enseñanzas del socialismo; pero no considera necesariamente que el socialismo sea más fuerte o su postura más sólida porque tenga un aliado teológico. Se da cuenta que los hechos sobre lo que la fe socialista está asentada son lo suficientemente fuertes por sí mismos como para soportar todos los choques y ataques vengan por donde vengan y, por lo tanto, mientras que está dispuesto a aceptar ayuda de cualquier fuente por extraña que sea, solo la aceptará con una condición: a saber, que no se le pida identificar su causa con cualquier otra cuya influencia pueda hacer caer en descrédito al socialismo. Este es el motivo principal por el que los socialistas luchamos con timidez contra los dogmas teológicos y religiosos por norma general: pensamos que el socialismo está basado en una serie de hechos que requieren sin más la razón humana para comprender y dominar todos sus aspectos, mientras que la religión de cualquier tipo se basa sin duda alguna en la «fe» que en épocas pasadas ocurrieron una serie de hechos inexplicables bajo ningún razonamiento humano. Obviamente, por lo tanto, identificar socialismo y religión sería abandonar de una vez el carácter universal y no sectario que hoy encontramos indispensable para la unidad de la clase obrera, ya que significaría que a nuestros miembros se les exigiera un único credo religioso así como una fe económica específica –un plan de actuación que no tenemos intención de llevar a cabo ya que nos enredaría inevitablemente en las disputas entre las sectas en conflicto del mundo y, así, nos llevaría a la disolución del Partido Socialista.

El socialismo, como partido, se basa en el conocimiento de los hechos, de las verdades económicas, y deja los credos y la fe fuera de lo público o a la discreción individual de sus miembros si así quisieran. No es ni librepensador ni cristiano, ni turco ni judío, budista o idólatra, musulmán ni zoroástrica –solo es humano.

James Connolly
17 de junio de 1899